Estimados inversores:
El filósofo Karl Popper escribió: «El optimismo es un deber». Su pensamiento anima a abrirse al futuro y nos recuerda nuestra responsabilidad compartida de desarrollarlo a través de nuestras acciones. En lugar de profetizar el mal, debemos luchar por un mundo mejor.
Como inversores, nos enfrentamos a una verdadera «fiesta de los temores». Ya sea el inminente estallido de la «burbuja» de la inteligencia artificial, la capacidad de resistencia del régimen de Vladimir Putin y su inevitable victoria sobre Ucrania, o el ineludible control de China sobre Taiwán...
Sin embargo, un análisis a fondo de los diversos factores en juego nos permite imaginar escenarios con un futuro mucho más prometedor:
- La inteligencia aumentada, denominada erróneamente «artificial», marcará el comienzo de una formidable aceleración tecnológica, como nunca antes había experimentado la humanidad. Al estimular la productividad y la creatividad, la IA se está convirtiendo en un potente motor de descubrimientos en múltiples ámbitos, desde la física hasta la biotecnología y la producción de energías renovables.
- La caída de los regímenes autoritarios corruptos que se dedican a la usurpación masiva de recursos en beneficio de una camarilla gobernante y financian actos de subversión fuera de sus fronteras. Al igual que Venezuela, los líderes iraníes han mantenido durante casi cincuenta años el control de los recursos petroleros del país y han desestabilizado enormemente Oriente Medio, a costa de una fuerte represión de su pueblo. El colapso simultáneo de estos dos regímenes nos permite imaginar una fuerte corrección de los precios de los hidrocarburos que erosionaría sustancialmente el poder de Putin.
- La inevitable evolución del modelo chino. Tras haber dificultado la penetración en su mercado mediante diversas medidas proteccionistas y haber limitado su calado al restringir el poder adquisitivo de su clase media, China ha emprendido una campaña para conquistar los mercados extranjeros en todos los frentes. Esta política depredadora no tiene futuro. Las fuertes subidas de los aranceles han dificultado el acceso a EE. UU., y la Administración Trump ha complicado ahora la incursión acelerada de China en Sudamérica. Las empresas chinas están intentando irrumpir en el mercado europeo, donde nuestras autoridades, muchas veces lentas en reaccionar, empiezan por fin a responder. El previsible debilitamiento del mercado ruso debería impulsar aún más al Gobierno chino a revitalizar el consumo interno. Un cambio que tendrá que llevarse a cabo con una importante liberalización política.
¿Exceso de optimismo por mi parte? Puede que sí. Pero ¿fui demasiado optimista el pasado abril cuando predije el impacto de la «ola Milei» en la revalorización de los activos sudamericanos, o el pasado mes de julio, cuando anticipé el impacto del debilitamiento de los mulás iraníes en Oriente Próximo?
Al contrario de lo que nos pueden hacer creer los titulares alarmistas inmediatos, el futuro podría ser prometedor. Con este ánimo optimista, les deseo lo mejor para el año que viene.