Los mercados no se han leído el manual

10 hechos que desafían la intuición de los inversores

[Management Team] [Author] Thozet Kevin
Autor(es)
Publicado
12 de agosto de 2026
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2 minuto(s) de lectura

Para comprender mejor las rentabilidades a largo plazo, conviene volver a los factores fundamentales que las propician. La rentabilidad de las acciones depende principalmente del crecimiento de los beneficios, mientras que la de los bonos está más condicionada por su rendimiento al vencimiento. Una vez establecido este marco, las estadísticas históricas ofrecen algunas enseñanzas que pueden parecer contrarias a la lógica.

La rentabilidad esperada de las principales clases de activos, sobre la base de hipótesis normativas, puede resumirse de la siguiente manera:

La rentabilidad de las acciones procede principalmente del crecimiento de los beneficios y, en menor medida, de los dividendos repartidos a los accionistas. A largo plazo, los beneficios tienden a evolucionar con el crecimiento nominal de la economía (es decir, el crecimiento real del PIB más la inflación). También puede tenerse en cuenta la evolución de los múltiplos de valoración, pero se trata de un ejercicio sumamente difícil y, a largo plazo, esta variación tiende a neutralizarse, bajo la hipótesis de un retorno a un nivel de valoración estable.

Los bonos, por su parte, tienen una rentabilidad ampliamente determinada por su rentabilidad al vencimiento. Y por lo que respecta al precio, a medida que se aproxima el vencimiento, el precio de un bono tiende a converger hacia la paridad, es decir, hacia su valor de reembolso. La rentabilidad, por su parte, combina tres componentes: el tipo monetario, determinado por el tipo de interés del banco central, que remunera el simple hecho de diferir el consumo; la prima por plazo, que remunera la incertidumbre asociada a la duración de la inversión, especialmente en lo que respecta a la evolución de la inflación; y la prima de crédito, que remunera el riesgo de que el emisor no pueda hacer frente a sus obligaciones.

Sin embargo, en materia de inversión, nuestra intuición puede ser una mala consejera, especialmente a corto plazo. Nos lleva a esperar el «momento adecuado», a confundir volatilidad y riesgo, o a creer que el cash es siempre una inversión prudente. Sin embargo, los datos a largo plazo cuentan una historia muy diferente.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, NYU Stern, junio de 2026.

En los últimos 100 años, ha habido más años naturales en los que los índices de renta variable han registrado rentabilidades superiores al 20% que años en los que han registrado rentabilidades inferiores al 0%.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, NYU Stern, junio de 2026.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, si cada año se hubiera invertido sistemáticamente en la peor clase de activo, entre acciones, deuda soberana y bonos corporativos, aun así se habría obtenido una rentabilidad positiva.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, junio de 2026, TIR para una inversión de 1 EUR realizada únicamente en los máximos (10 años: 63 entradas, 20 años: 96 entradas, 30 años: 122 entradas, 40 años: 163 entradas) y en los mínimos (10 años: 23 entradas, 20 años: 47 entradas, 30 años: 75 entradas, 40 años: 95 entradas).

Durante los últimos 40 años, si se hubiera invertido 1 euro únicamente en los máximos del índice de renta variable estadounidense (S&P 500), la tasa interna de rentabilidad (TIR) habría sido del 10%. Si se hubiera invertido únicamente en los mínimos, la TIR habría sido del 11%.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, junio de 2026.

La volatilidad de las rentabilidades anualizadas evoluciona en función del horizonte temporal. En la renta variable europea, pasa del 20% en un horizonte de un año al 9% en un horizonte de 5 años y al 4% en un horizonte de 10 años. Cuanto más se prolonga el horizonte de inversión, más converge la rentabilidad anual hacia su media histórica. En cambio, las caídas y los cambios de régimen siguen siendo difíciles de prever.

Fuente: Carmignac, NYU Stern, 2026. Las rentabilidades pasadas no son necesariamente indicativas de las rentabilidades futuras. La rentabilidad puede aumentar o disminuir en función de las fluctuaciones de los tipos de cambio.

La creencia de que un horizonte de inversión largo garantiza una buena rentabilidad oculta un importante hecho histórico: desde 1928, la renta variable estadounidense ha pasado cerca de cuatro de cada diez años en mercados bajistas seculares, las denominadas «décadas perdidas», caracterizados por un periodo de estancamiento y rentabilidades reales reducidas o incluso negativas. Lo mismo ocurre en los mercados de renta fija, por ejemplo, entre 1940 y 1981 o, más recientemente, desde 2021.

Fuente: Carmignac, NYU Stern, 2026. Las rentabilidades pasadas no son necesariamente indicativas de las rentabilidades futuras. La rentabilidad puede aumentar o disminuir en función de las fluctuaciones de los tipos de cambio.

¿Cuál es el riesgo más importante? No tanto la volatilidad como la posibilidad de sufrir pérdidas excepcionales. Los inversores no son remunerados por las fluctuaciones diarias, sino principalmente por la posibilidad de afrontar un mañana muy adverso. Durante la Gran Depresión, el PIB real estadounidense retrocedió aproximadamente un 30% y la renta variable estadounidense cayó cerca de un 65%. Sin embargo, el riesgo más destructivo es a veces el menos visible: desde 1913, el dólar ha perdido cerca del 97% de su poder adquisitivo.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, junio de 2026.

La caída anual media en los mercados de renta variable es del -12%. En uno de cada tres años, las pérdidas máximas registradas durante el año fueron del -12% o más y, aun así, en el 30% de esos casos la rentabilidad anual fue positiva, con una rentabilidad anual media del +19%.

Fuente: Carmignac, Bloomberg, junio de 2026.

A diferencia de los mercados de renta variable, los mercados de renta fija ofrecen un punto de anclaje claro: la rentabilidad actual es (en la gran mayoría de los casos y para un horizonte temporal adecuado) la rentabilidad futura. La rentabilidad inicial explica cerca del 82% de las rentabilidades obtenidas durante los 5 años siguientes en los mercados de crédito de alta rentabilidad y el 90% de las rentabilidades obtenidas en los mercados de crédito de la categoría de inversión (investment grade).

Fuente: Carmignac, Morningstar, junio de 2026.

Los fondos estrella de renta variable internacional del momento suelen tener un punto en común: se sitúan en el primer cuartil a largo plazo. Pero esta fotografía a largo plazo suele ocultar trayectorias más accidentadas. En una muestra de seis fondos que se sitúan todos en el primer cuartil a 10 años, esta proporción se reduce al 50% en los periodos móviles de 5 y 3 años. ¡Hasta los campeones tienen sus temporadas bajas!

Fuente: Carmignac, Bloomberg, 2026. Las rentabilidades pasadas no son necesariamente indicativas de las rentabilidades futuras. La rentabilidad puede aumentar o disminuir en función de las fluctuaciones de los tipos de cambio. Invertir en fondos conlleva un riesgo de pérdida de capital.

Durante un periodo de 30 años, una inversión en renta variable internacional que hubiera obtenido una rentabilidad media del 6% anual habría convertido 100.000 € en más de 574.000 €. Con una rentabilidad superior en un 0,5% anual de media (correspondiente a la rentabilidad superior media observada entre los gestores de renta variable global realmente activos), la ganancia adicional habría alcanzado aproximadamente 90.000 €. Y con una rentabilidad superior en un 4% anual (la obtenida por Carmignac Investissement1 durante el periodo), la misma inversión habría superado los 1.744.940 €, lo que supone una ganancia adicional de más de un millón de euros.

Detrás de estas diez hechos hay una lección que domina sobre las demás: el largo plazo no es una línea recta, pero sigue siendo el mejor terreno de juego para los inversores pacientes. Eso sí, hay que aceptar los desvíos y los baches. Los mercados no prometen un camino cómodo, sino que recompensan a quienes llegan hasta el final.

1Las rentabilidades pasadas no son necesariamente indicativas de las rentabilidades futuras. El fondo presenta un riesgo de pérdida de capital. La rentabilidad puede aumentar o disminuir en función de las fluctuaciones de los tipos de cambio.

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