Estimados inversores:
En enero, les expresé mi optimismo respecto a nuestras perspectivas de inversión a largo plazo. ¡De repente, qué revés! La crisis iraní ha ensombrecido bruscamente las perspectivas. Los precios del petróleo casi se han duplicado y la reapertura del estrecho de Ormuz sigue siendo incierta. Aumentan los riesgos de una escalada, tanto por la inestabilidad en Oriente Medio como por la desaceleración de la economía mundial.
Y, sin embargo, a pesar del discurso catastrofista que difunden los medios de comunicación, los mercados de renta variable y de obligaciones han mantenido la calma. ¿Se trata de complacencia o es que la crisis es menos desestabilizadora de lo que sugieren los titulares?
Por nuestra parte, nos parece imprescindible mantener un optimismo moderado, principalmente por las siguientes razones:
- Durante su segundo mandato, Donald Trump ha demostrado una predilección por las retiradas de última hora. Ya sea en materia de aranceles, de intervención en Venezuela o, ahora, de Irán, parece tener grandes dificultades para llevar a cabo sus iniciativas hasta el final. ¿Pero es esto tan lamentable? En realidad, se comporta como un hombre de negocios que intuye instintivamente hasta dónde puede llevar su farol. El problema de este conflicto es que los dirigentes iraníes no se muestran receptivos a las declaraciones de un jugador de póquer de toda la vida. Sin duda, esto complica el inicio de las negociaciones para resolver la crisis. Pero, en última instancia, la razón debería prevalecer en un futuro no muy lejano, dado el elevado coste que supone para todas las partes implicadas prolongar este conflicto.
- La principal amenaza para la resiliencia del mercado no es necesariamente la que más se debate. En nuestra opinión, un cambio radical en las expectativas sobre los tipos de interés del banco central podría suponer un riesgo importante para la actividad económica general y las valoraciones del mercado. Hace solo tres meses, se esperaba que la FED aplicara tres recortes de tipos este año. Hoy no se espera que haya ninguno. En cuanto al BCE, las expectativas han pasado de apuntar a un mantenimiento o incluso a una ligera bajada de los tipos de interés oficiales a prever tres subidas. ¿Está justificado este cambio de tendencia en las expectativas? Sin duda, el notable aumento de los precios del petróleo y el gas está reavivando las presiones inflacionistas. Esto podría llegar a ser preocupante si el conflicto persiste y genera los denominados «efectos de segunda ronda». Pero esto pasa por alto el hecho de que una duplicación duradera de los precios de la energía provocaría inevitablemente una marcada desaceleración del crecimiento, debido a su doble impacto en la renta disponible de los consumidores y en los márgenes de las empresas. Por lo tanto, es lógico pensar que los seguidores del Sr. Trichet quedarán marginados.
Como inversores, nunca debemos olvidar que la inestabilidad no destruye valor a largo plazo, sino que lo redistribuye. Algunos activos se vuelven más arriesgados, mientras que otros se vuelven indispensables. Esto es evidente en el caso del auge de las energías renovables y de la necesidad imperiosa que tienen tanto Europa como los países del Golfo de reforzar sus capacidades de defensa, una necesidad que también se extiende a los productos relacionados con nuestro abastecimiento alimentario y nuestras bases industriales. Se trata de temas prometedores que marcarán la línea de actuación de nuestros portfolios en los próximos meses, complementando nuestras posiciones principales en aquellas empresas tecnológicas que contribuyen al potente y aún subestimado auge de la inteligencia aumentada.
Como portfolio managers, seguiremos centrándonos, ahora más que nunca, no en evitar el caos, sino en identificar oportunidades.
Atentamente,